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Patxo Fernandez de Jauregui

     Patxo Fernández de Jauregui –  In Memorian

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Campaneros, ceramistas, txistularis y dantzaris alaveses despiden a Patxo

 

Francisco Fernández de Jáuregui, Patxo, además de excelente persona fue un investigador incansable, hombre muy implicado con el fomento de la etnografía con sus compañeros de Etniker y del Seminario Etnográfico Alavés, donde colaboró en numerosas publicaciones, además de estudioso de la música tradicional euskaldun en la provincia, todavía recuerdo, entre otros, el impresionante trabajo que hizo sobre “El Barte” de Larrea en Ohitura. Amante de las tradiciones recuperó numerosas melodías y danzas de nuestros pueblos al lado de Kepa Pinedo o de Henrike Knörr o junto a los maestros olleros, en especial su amigo Federico Garmendia con quien  trabajó y estudió la alfarería en la escuela de Artes y Oficios de Gasteiz, donde les conocí y fueron mis primeros profesores, además de la recuperación y elaboración de jarras del tradicional oficio de  la cerámica de barro o con su inseparable atabal o el pandero visitando Ferias y romerías por toda Alava.

 

Pero Patxo de siempre estuvo implicado, sobre todo, con el mundo de las campanas a las que estudió y catalogó por toda la geografía alavesa y donde era conocido por todas las regiones limítrofes.

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Un ictus segó su vida y sus familiares, amigos, txistularis, dantzaris y campaneros de toda Álava decidieron hacerle un merecido homenaje en su memoria.

 

El homenaje se llevó a cabo en la capital alavesa y en él tomaron parte las asociaciones de campaneros de Euskal Herria, Elburgo y Amurrio, además del grupo de txistu Txirinbil de Vitoria, al que pertenecía. El homenaje arrancó a las 11.00 horas con una diana, a cargo de los txistularis de Txirinbil, para seguir a las 12.00 horas en la Catedral Vieja con una misa, que fue oficiada por el entonces  obispo, Miguel Asurmendi, y cantada por la coral Erkametza, de Elburgo. En torno a la una tuvo lugar un aurresku de honor y después, un recital a base de toques de carillón y campanas.

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POR QUIEN LLORAN LAS CAMPANAS

El patrimonio humano alavés ha perdido a una persona dedicada a su estudio y divulgación en cuerpo y alma, hasta cuando por motivos laborales estuvo fuera de su Gasteiz, siguió trabajando por nuestro patrimonio, por eso queremos que nuestros conciudadanos sepan porque quien lloran las campanas.
Lloran por Patxo Fernández de Jauregui. Porque fue su valedor, su más fiel protector y la persona que más sabía sobre ellas, las campanas, esos instrumentos voz de los fieles y medio de comunicación de los pueblos. Esta vez no tocaran a fiesta, a Ángelus, a fuego, a tentenublo, a concejo,…No, tocaran a muerto, ese toque lento, pausado y repetitivo que reverbera en el aire y se cuela por nuestros oídos enmudeciendo el alma. Hoy más que nunca, las campanas “lloraran” la muerte de Patxo, él las hizo sonar, las mimó y descubrió en ellas sus secretos. Poca gente sabe que Patxo recorrió todos y cada uno de los campanarios alaveses. De vez en cuando acudía a reconocer alguna campana que le resultó esquiva en su momento aunque prácticamente ninguna de ellas quedo fuera de su labor investigadora. Para ello dedicó gran parte de su tiempo a recorrer, de forma totalmente altruista, las iglesias alavesas creando una base de datos con el historial de cada una de ellas. Además aprendió a escucharlas y a reconocerlas de la mano de los campaneros que las tocaban. También estudió su fabricación siguiendo a los fundidores de campanas a través de los archivos históricos y colaborando con los pocos fundidores que se resisten a abandonar este oficio. Ahí queda su legado escrito que no el de su memoria que se ha ido para siempre.
Antes de embarcarse en esta aventura de las campanas comenzó muy joven a vincularse al ambiente del folklore, desde su Gasteiz natal, siguiendo las fiestas y tradiciones por todos los pueblos alaveses y de comarcas limítrofes. Como dantzari perteneció al “Oldarqui”, grupo que en el año 2005 celebro su 50 aniversario, con diferentes actos, la publicación de un libro y una exposición en, los, que como no, Patxo participó activamente. También participó en el grupo de danzas “Txirimbil” el “Ilargibetea”, de la diputación foral de Álava, y del “Araba Dantzarien Biltzarra”. Su afición por la danza y la música no se limitó a practicar el baile y tocar instrumentos tradicionales sino que se dedicó a investigar sobre ellos y también a construirlos. Su olfato descubridor de tradiciones perdidas o a punto de de extinguirse nos ha legado danzas, músicas y costumbres que hoy nos parecen suficientemente conocidas pero que hace 30 o 40 años hubieran desaparecido de no ser por la perseverancia y el trabajo desinteresado de Patxo y otros como él. Los pueblos de Salinas de Añana, Kuartango, Aiala, Zuia, Llanada Alavesa, Kampezo o Rioja Alavesa deben a Patxo la recuperación de muchas de sus danzas.

 

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Su Carácter inquieto también le llevo a conocer los secretos de la cerámica tradicional, sobre todo con los últimos alfareros alaveses de los cuales aprendió la práctica y la teoría, entre ellos destaca su trabajo junto a Federico Garmendia en cuyo taller aprendió y seguía practicando. Ambos formaron un tándem, Federico torneando las piezas y Patxo decorándolas al estilo de nuestra tierra. Muchas jarras de cofradía, cálices de iglesias o platos conmemorativos, siguiendo los modelos tradicionales, han salido de sus manos para quedarse entre nosotros y convertirse en patrimonio a conservar.
Aunque su forma de investigar le hacía ser excesivamente cauto a la hora de divulgar sus conocimientos, su bagaje curricular se mide más por las colaboraciones o iniciativas prácticas que por sus publicaciones. Colaboró con revistas etnográficas como Ohitura y, últimamente con la revista Askegi y la asociación cultural Arkiz. Miembro del seminario Alavés de Etnografía y del grupo Etniker-Araba, no faltaba a sus reuniones y actividades aportando su hacer y sus conocimientos. También fue un gran amigo y colaborador de Enrike Knörr.
DibujoghTodos echaremos de menos a Patxo, ese investigador que todo lo preguntaba sin molestar y con una sonrisa que impedía decir que no, pidiendo siempre permiso y poniéndose a la altura del encuestado, interesado por el más mínimo detalle, su conversación amable y sus ansias de conocer nunca se agotaban. De igual manera, no se retraía a la hora de dar a conocer sus conocimientos, sin pedir nada a cambio. Su altruismo y su escaso afán de protagonismo le hacían todavía más grande. Donde hubiera una fiesta o una celebración popular allí estaba Patxo. Aparecía sin avisar, nunca llamando la atención, siempre en segunda fila. Por eso con tantos amigos y conocidos. Hombre comprometido con el saber popular, sabia ganarse a las personas con ese don de gentes que solo está al alcance de unos pocos. Granjearse su amistad ha sido un lujo para todos los que hemos tratado con él. Su compañía era una puerta abierta a muchas personas y lugares que de otra manera nos hubieran estado vetados o hubieran sido más difíciles de flanquear.

Su inesperada pérdida nos ha llenado de tristeza a todos. No creemos que haya nadie que le conociera que no se apene por su muerte, ni siquiera las campanas que aunque sean objetos inanimados, seguro que dedicarán los toques en su honor para que perduren en nuestra memoria.
Creemos que ese sería el deseo de Patxo.  Sociedad Landazuri

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Al son de las campanas

 

Patxo siempre fue un enamorado de las campanas ¿Sabías que la inscripción en latín de la campana de 1614 que decora la fuente de la plaza Urrutia Jauregiko Landa de Amurrio es la misma que aparece en el obelisco de la plaza del Vaticano? En ella se lee, sobre una cruz en relieve, Ecce crucem domini, fugite partes adverse vicit leo detribu radixdavid aleluya. Algo que viene a significar He aquí la Cruz del Señor, huid de aquí todos los males,

 

Y es que expertos en la materia como Patxo o como el profesor Longa, recientemente llegado de Roma de elaborar un estudio sobre las campanas de la Santa Sede, fue el primer sorprendido al dar nuestra tierra con una frase que “es un exorcismo de la religión popular, extraída del Libro de San Cipriano que tenían todos los brujos y brujas de Galicia, y que desde el Vaticano se comenzó a usar no antes del siglo XVI, y tallado en las campanas, de cara a ahuyentar tormentas u otros males”.

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En definitiva, una especie de corred insensatos en el ancestral lenguaje de las tañedoras, que siempre han estado ahí avisándonos de los peligros, llorando a los muertos, convocando a los vivos y “ordenando el tiempo de cada jornada, tanto sagrado como profano, haciendo coincidir los tres toques del día con las labores del campo”, apuntó Alonso Ponga, realmente agradecido a la Asociación de Campaneros de Amurrio, no ya por la invitación, sino su convicción de que se trata del grupo “más potente de este mundillo en toda España”. “Una cultura que se está perdiendo, no sólo por el cambio social, sino porque tenemos al enemigo dentro de cada pueblo, con eso de que el sonido de las campanas molesta”, argumentó.

 

La conferencia del catedrático pucelano dio para muchas otras anécdotas en torno a la historia de las campanas, aunque una de las que más caló en el nutrido público de ayer fue la del eterno litigio entre alcaldes y curas en torno a la propiedad de las campanas de las iglesias. “En León decimos que las campanas y el pendón del pueblo son, pese a que ambos se cobijen en los templos”, apuntó. Algo que sirvió para que el portavoz de los campaneros amurrioarras, José Luis Albizua, no dejara duda ante la titularidad de las locales. “El resto no lo sabemos, pero las que integran el carillón son del pueblo de Amurrio, que contribuyó en 2006 con 66.000 euros en donativos para su creación. No se puede vender, y hay un convenio que así lo atestigua, en el que el Ayuntamiento se compromete a mantenerlo, la iglesia a pagar la luz y dejar tránsito libre a la torre del campanario donde se encuentra, y la asociación de campaneros se encarga de su funcionamiento”, enumeró Albizua.

 

31 campanas de bronces De hecho, la iglesia parroquial de Santa María de Amurrio acoge en su seno 31 campanas de bronce, de las que 25 componen este magnífico carillón de 2.000 kilos, un conjunto digital único en Álava y el segundo de Euskadi, después del de la Basílica de Begoña en Bilbao. El templo cuenta, además, con otras seis campanas fijas, cuatro situadas en la sala de campanas, otra en el balcón y otra en la torre del reloj. La población amurrioarra disfruta todos los días de su particular repique con el toque del ángelus a las 12.01 horas, y el sonoro volteo de tres minutos de cada sábado y cada domingo.

 

“Lo que están haciendo estas personas me parece un lujo y algo digno de elogio. No hacen otra cosa que respetar la tradición y a aquellos personajes que, muchas veces segregados y ocultos a la vista de la comunidad, se dejaron toda la vida subiendo a los campanarios. La sociedad ha cambiado y se les está olvidando, pero aquí están ellos para que no se pierda su memoria”, elogió Alonso Ponga.

 

Y es que el de las campanas es un sistema de comunicación ancestral que, con la llegada de las nuevas tecnologías, ha caído en el más puro ostracismo, pero que gracias a campaneros, como los que se dieron cita ayer en Amurrio, se está intentando recuperar. “Somos 38 en la asociación, de ellos seis mujeres y diez menores desde tres años, algo que demuestra que no estamos tan locos como nos pintan”, subrayó el portavoz de los campaneros amurrioarras.

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Junto a ellos también se encontraban los integrantes de la coral de Elburgo, que protagonizaron el concierto que siguió a la tradicional misa en homenaje a los compañeros fallecidos en los últimos años, tales como el maestro Carlos Larrinaga, que tantos años estuvo al frente de las demostraciones de toques con carillón. A pesar de su ausencia y la de tantos otros compañeros, tampoco faltaron en esta edición exhibiciones de toques de llamada antiguos, tanto religiosos como civiles, como el de oración, el de ángelus o de los difuntos, así como el de sereno, que es cuando en los pueblos pequeños se avisaba a los vecinos para realizar tareas municipales, el toque de fuego para cuando había incendios, o el de tormenta, que realizaba el sacristán cuando avistaba una tronada con la intención de ahuyentarla y proteger los cultivos.

 

La jornada se completó con un pasacalles con trikitixas, albokas y los toques de cuerno del maestro Juan Antonio Alaña de Menagarai, así como con un pintxo-pote que “este año se ha decidido poner al precio simbólico de un euro, para que no haya abusos”, lamentó Albizua. Y es que con las cosas gratis ya se sabe.

 

El broche de oro lo puso una comida de hermandad con la treintena de campaneros que llegaron desde muy diversos puntos de la geografía vasca y estatal, como Ondarroa, Aretxabaleta, Artajona, Irurzun, Oiartzun, Lérida, Vitoria, varias localidades de la llanada alavesa, o Puentedey en Burgos, desde donde llegó Trini Sáez, una de las pocas campaneras que aún sabe interpretar el toque de difuntos.

dionisio_preciado_6A la derecha Patxo junto a Henrike knorr y autoridades de Agurain en el homenaje al sacerdote y musicólogo Dionisio Preciado de Agurain.

 

HOMENAJE DE LOS CAMPANEROS A PATXO FERNANDEZ DE JAUREGUI

“Para la gente de bien va mi tañido de paz. Patxo gogoan zaitugu”. Este es el emotivo mensaje inscrito en la campana realizada por Abel Portilla y entregada a Mari Carmen y Gaizka, viuda e hijo de Patxo, el pasado 16 de mayo en Vitoria-Gasteiz, como homenaje organizado por sus amigos, entre ellos Kepa Pinedo, y por los campaneros de Amurrio y de Elburgo, al mayor estudioso de las campanas que ha tenido nuestra querida Araba, fallecido inesperadamente el 14 de octubre de 2014.

Los actos comenzaron con una diana por el Casco Viejo vitoriano a cargo de los txistularis del Grupo Txirinbil, excompañeros de Patxo, y de Alfredo Markinez a la trikitrixa y Kepa Pinedo a la alboka, estos últimos reconocidos músicos de Araia y Agurain respectivamente. A continuación se celebró una misa en su memoria en la Catedral de Santa María, presidida por el Obispo de la Diócesis de Vitoria, D. Miguel Asurmendi. La misa fue cantada por el Coro Erkametza del Municipio de Elburgo, que nos deleitó finalmente con un pequeño concierto.
Acabados los actos religiosos, familiares y amigos de Patxo fuimos obsequiados con un aurresku de honor en la Plaza del Palacio de Eskoriatza-Esquibel. En ese mismo lugar se llevó a cabo un concierto de carillón a cargo de Kepa Pinedo, ofreciéndonos las piezas “Xalbadorren heriotzean” de Xabier Lete, “Txoria txori” de Mikel Laboa, “Ave María” de Schubert, y una “Cantiga” de Alfonso X el Sabio, todas del gusto de nuestro amigo Patxo, amante de la música folclórica de la cual era un gran conocedor como estudioso, músico, constructor y coleccionista de instrumentos musicales tradicionales.
Igualmente, el concierto de campanas estuvo a cargo de distintos campaneros, amigos de Patxo, llegados desde distintos puntos de Euskalherria, y presentados por Xabier Iturrate, de Amurrio: José Luis Albisua, de Amurrio; José Luis Berganza, de Izoria; Iker López de Arregui, de Áñua; Tomás Ganboa, de Arruazu-Navarra; Jon Jausoro, de Hijona; Anton Mari Aldekoaotalora, de Iurreta-Bizkaia; Justo López de Arregui, de Áñua; Rafa Ortiz de Guzmán, de Asteguieta; Bonifacio Jausoro, de Hijona; Gorka Madinabeitia, de Aretxabaleta-Gipuzkoa; Imanol Lasarte, de Ondárroa-Bizkaia. Las explicaciones de los diferentes toques estuvieron a cargo de José Luis Albisua.

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El carillón y las dos grandes campanas, una del siglo XIX y otra de principios del siglo XX, utilizados en ambos conciertos, fueron instalados por Abel Portilla, maestro campanero, de larga ascendencia de fabricantes artesanales de campanas en Cantabria. Precisamente fue Abel Portilla, con su desbordante sinceridad y humildad, quien describió el origen artesanal de las campanas que en su taller se realizan, objetos hechos a mano con amor y por artesanos para emoción de las personas, y no por máquinas que deshumanizan el proceso y el resultado. También el Sr. Obispo en su homilía contribuyó desde el punto de vista espiritual glosando la labor de los fabricantes de campanas y de los campaneros llamándolos “voceros de Dios”. Porque estamos olvidando la importancia que tuvieron las campanas, y que en parte siguen teniendo, como medio de comunicación no sólo para avisar de los actos religiosos (llamadas a la oración, a misa, a difuntos, etc.) sino también avisando de las horas, de la llegada de tormentas, de arrebato (incendios, catástrofes,…), de reuniones a concejo, etc.
Patxo fue el depositario de todo ese mundo y el investigador por excelencia de las campanas. Sería una pena que el material que acumuló encaramándose a todos los campanarios alaveses, recopilando la información directamente de los campaneros y rebuscando en los archivos, no fuera publicada algún día y quedara relegada al olvido.
Investigador infatigable de la Etnografía y Cultura Alavesa, Patxo merecía este homenaje y mucho más. En nuestro recuerdo siempre quedará su generosidad y su alegría contagiosa. En su funeral, Enrique Ruiz de Gordoa le dio las gracias “por habernos dado la oportunidad de conocerte, de vivir contigo, de disfrutar de tu humanidad, de tus habilidades, de tu incansable investigación vinculada a nuestro país, de tu optimismo”. Lo mismo que manifestaron el pasado día sus amigos los campaneros, en los que dejó “una huella tan indeleble como las inscripciones de las campanas que catalogó”. Por eso la campana que se entregó a su familia “tañe un toque de paz para la gente de bien” como Patxo.

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CANTO DE LOS AUROROS DE ALAVA – FIESTAS DE GASTEIZ

 

Después del chaparrón de ayer a la tarde, ha amanecido una bonita mañana para recibir a los Auroros.

La cofradía ha organizado un bonito acto en el que han participado más de 300 personas. Coros de Vitoria, venidos de Agurain y de Amurrio y un buen grupo de txistularis dirigidos por Moraza han amenizado las Calles Correria y Cuchilleria.

Hemos iniciado el acto con el estreno la pieza escrita la música por José María Bastida y la letra por Patxo Fernández de Jauregui “Aurora de Vitoria”, bonita pieza que han cantado y tocado todo el grupo de txistularis. Enhorabuena a los Autores y al grupo musical.

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ALFARERIA ALAVESA

El sábado 9 de Abril de 2011 llegaron al Museo  de Artzeniega el conocido artesano Federico Garmendia, acompañado por el etnógrafo Patxo Fernández de Jauregi. hoy en funciones de ayudante del alfarero.

Pronto se pusieron manos a la obra; mientras Patxo amasaba el barro y comenzaba a trabajar con el torno comentando paso a paso los trabajos que iba haciendo, Federico se preparaba para mostrar el oficio de alfarero, fabricando a lo largo de la mañana piezas de diferentes tamaños y formas. Con su buen humor característico, iba dando variadas explicaciones y contestando a las preguntas que le hacían los numerosos visitantes que acudieron al acto. Un taller infantil completó la muestra.

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LAS CAMPANAS LLORAN POR PATXO

Ha muerto Patxo Fernández de Jauregui, y con él se ha ido, además de una excelente persona un investigador incansable. Las costumbres, el folklore, el trabajo, la religiosidad, la cultura, en definitiva, de las gentes de Álava ejercían un fuerte poder de atracción  ante el que Patxo nunca quiso rendirse.

  Era un enamorado de la cultura vasca en general y de la alavesa en particular, devoción ésta que pervivió incluso en épocas en las que tuvo que residir, por motivos laborales, lejos de su querida Vitoria.

  Siguiendo la senda abierta por los grupos de investigación Etniker, creados por Don Joxe Miguel Barandiaran, participaba de forma activa en el Seminario Alavés de Etnografía. Su firma, así como sus estupendas fotografías, eran reconocibles en diversas publicaciones como la revista “Ohitura” o la “Gaceta Municipal de Vitoria-Gasteiz”. Patxo se hacía presente, siempre desde su habitual discreción, lo mismo en un trabajo sobre etnografía del enclave de Treviño, que en monografía de la Montaña Alavesa o en un estudio sobre los campanarios y campanas de Álava.

  Voz conocida en las Tertulias de “Eusko Ikaskuntza-Sociedad de Estudios Vascos” en Radio Vitoria y alma mater de la recuperación de costumbres como la de los Auroros, en los días previos a nuestras fiestas patronales de Vitoria-Gasteiz, no faltaba nunca a la cita. Sin duda se echará en falta el sonido de su atabal el próximo año. Todavía lo recuerdo en el campanario de San Vicente de Arana, junto con el inolvidable Enrike Knörr, atendiendo las explicaciones de Vicen, el veterano campanero de esa localidad o caminando junto al antropólogo alavés Enrike Ruiz de Gordoa, discutiendo sobre la importancia del trabajo de campo por encima del estudio etnográficos más académicos. Ese era Patxo.   

   Álava pierde a un hijo valioso, su familia a un esposo y padre ejemplar, sus amigos a un compañero entrañable, pero todos los que hemos tenido la fortuna de conocerte sabemos, aunque doloridos por tu pérdida, que allí donde estés, las campanas que tanto amabas repicarán de alegría al recibirte.

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Seminario Etnográfico Alavés – Etniker Euskal -Herria

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