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Agurain honra a Sallurtegui

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Con el canto de la aurora se retoman hoy los festejos por la patrona de la villa. Los auroros recorrerán las calles, el casco intramuros y los barrios extramuros, precedidos por el que porta el farol.

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La iglesia de Santa María es el comienzo y final del recorrido de los auroros y procesiones

Como todos los años desde tiempo inmemorial, Agurain se prepara para celebrar hoy lunes de pascua la festividad de la Virgen de Sallurtegui, en euskara Sailurtegi, Sallurti para los aguraindarras, que es la patrona de la villa. El documento más antiguo en el que aparece esta festividad data de 1597, pero sin duda su celebración es anterior. Actualmente el lunes de Pascua es festivo, pero no era así hasta hace treinta años, entonces el día de Sallurtegui empezaba a las 05.00 horas con el canto de la aurora, porque los participantes en él tenían que entrar a trabajar a las 08.00 horas. Ahora el canto de los auroros comienza a las 07.00 horas.

A lo largo de esta jornada, los auroros recorrerán las calles de la villa, el casco intramuros y los barrios extramuros, precedidos por uno de ellos que porta un farol, anunciando su paso con una campana. En cada barrio los auroros se detienen y entonan una canción cuyo origen se ha olvidado. La letra hace referencia a la resurrección de Cristo, también tiene algunas estrofas dedicadas a la Virgen de Sallurtegui. “Salvaterranos venid gozosos, en este día a saludar a vuestra Madre la Virgencita, que en Sailurtegi tuvo su altar”.

En Sallurti, una réplica de la Andra Mari en el muro del caserío, da testimonio de la presencia allí durante siglos de la patrona de Agurain, tal como recuerda la letra de su canción: “Desde esa altura, con gran ternura, sobre tu pueblo siempre velaste, hasta que un día de triste suerte, con honda pena lo abandonaste”.

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Los despoblados de Agurain – Salvatierra

En el momento de la concesión del fuero de villa –el año 1256- a Agurain por parte del rey de Castilla Alfonso X, ésta no era sino una más entre un grupo de aldeas de la zona, eso sí, la mejor ubicada de todas ellas, puesto que estaba emplazada sobre una loma en la que confluían la antigua calzada romana iter XXXIV, que venía desde la Sakana y seguía hacia Nova Victoria –la villa fundada por el rey de Navarra Sancho VI en 1181- y la que descendía a través del paso llamado de San Adrián, por auténtico nombre Santa Tria, procedente de la Gascuña.

El rey castellano, deseoso de consolidar las conquistas de su bisabuelo Alfonso VIII de Castilla, creó una serie de villas, con el objeto de reforzar la artificial frontera entre las dos mitades occidental y oriental del Reino de Navarra. A sus fundaciones les pone nombres que hoy podríamos calificar de propagandísticos, tales como Santa Cruz de Campezo, Segura, Villafranca de Oria, Alegría de Oria, Tolosa, con la intención de atraer refugiados occitanos huidos tras la conquista de su país por los franceses, o en nuestro caso Salvatierra.

La idea era concentrar la población de las numerosas aldeas esparcidas por el territorio, con la oferta de una vida más fácil, puesto que una frontera deshabitada es más fácil de defender que otra, como era el caso, en la que, además, existe una identidad entre los habitantes de ambos lados.

Esta frontera será conocida durante la edad media como “frontera de malhechores”, ya que su control le será dado al bando procastellano de los oñacinos, quienes harán de su capa un sayo en esos territorios, hasta la conquista de la mayor parte de lo que quedaba del Reino de Navarra a partir de 1512, en la que los oñacinos participaron también activamente.

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No debían de sentirse los reyes de Castilla muy seguros de los aguraindarras, cuando en 1382 el monarca Juan I entrega la villa de Salvatierra en señorío al noble procastellano Pero López de Ayala, más conocido como “Canciller Ayala”.

La otra razón para la creación de estas villas era económica. En efecto, la concentración de población en las villas originaba centros comerciales, donde convergían también las rentas agrarias del entorno y obligaba a los viajeros a pernoctar en esos lugares amurallados, a salvo de los bandidos que el mismo poder real toleraba, todo lo cual generaba cuantiosos tributos.

De esa manera se fueron quedando deshabitadas localidades como Udala, Kirku, Zornostegi, Paternina, Zumalburu, Albizua, Mostrekon, Berezeka, Abitona, Ula y la propia Sailurtegi. Subsistieron las iglesias de los pueblos, convertidas en ermitas, y más tarde, salvo contados casos, ni eso. Sólo han llegado a nuestros días Alangua, Arrizala, Egileor y Opakua, llamadas las “ergoienas”.

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Se suele citar en esta relación de despoblados a otra supuesta aldea, Lekedana, pero ésta tiene su propia historia. En la edad media las citadas ergoienas se regían por una junta que, según tradición que recoge Kepa Ruiz de Egino en su obra Toponimia Histórica e Inventario Arquitectónico de Salvatierra-Agurain, 1256-1206, realizaban sus juntas debajo de un roble, en el término de Unsaurbiribila, situado entre Alangua y Arrizala.

Este árbol, en contra de lo que afirma la tradición, sería más bien un nogal ya que ese topónimo procede deIntxaurborobila, (el nogal redondo), en referencia a su copa. Curiosamente, en Egileor, pegando a Alangua, existe un término llamado el Nogal, junto al conocido como Lekedana, en realidad Lekudana, sitio de todos, ¿qué mejor nombre para el lugar de las reuniones?.

No lejos, en el término de Alangua, se encuentra el puente de Lekedana y un lugar llamado Txuribil, topónimo derivado del antiguo Intxaurborobila.

Se dice que en Lekedana acampaban los gitanos cuando pasaban por aquí en función de caldereros. Que Lekedana o Lekudana fue un lugar habitado, lo prueba no sólo que existe como apellido sino que además en el testamento del vicario de Salvatierra Martín Díaz de Santa Cruz, fechado el año 1500, figura su propiedad de dos casas en ese mismo lugar.

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400 bollos de pan con chorizo

El ayuntamiento  de Agurain agasaja a los chavales con un obsequio que antaño correspondía a los padrinos

Agurain. La localidad acoge un año más, como cada lunes de Pascua, la celebración de la festividad de Sallurtegui para felicitar a la virgen la resurrección de su hijo, del mismo modo que el Viernes Santo se le acompaña en su dolor y soledad. Es una de las fiestas más antiguas de Agurain, con referencias ya en 1597. La fiesta comenzó ayer en el pueblo con bailables y sigue hoy, desde las 7.00 horas con el canto de la aurora, que se prolonga hasta las 9.00 horas. Hace años, los actos y cultos comenzaban a las 5.00 horas con el canto de la Aurora.

Un grupo nutrido formado por personas mayores reza en las plazas, calles y cantones interpretando en los lugares de costumbre las antiguas estrofas.

La tradicional procesión será anunciada con cohetes y repique de campanas. Año tras año recorre las calles del municipio desde primera hora, encabezada por la Cruz Parroquial de Santa María y los dos chirríales portados por hombres ocupan las aceras. Aunque en esencia, los actos que se celebran el lunes día de Pascua son los mismos, el paso de los años ha cambiado algunas de estas costumbres.

En la actualidad, los cultos empiezan a las siete de la mañana, además de que en la fiesta participa la banda de música y después de la función religiosa se dispone de un desayuno popular a base de chocolate en la plaza.

Tras esta chocolatada, el Consistorio repartirá un total de 400 bollos de pan con chorizo a los niños en edad escolar.

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Danzas en la tradicional romería, junto al caserío de Sallurtegui


Las cosas han cambiado y así lo atestiguan los más ancianos del lugar que recuerdan que en el pasado eran los padrinos quienes compraban el bollo de Sallurtegui a sus ahijados. El caserío de Sallurtegui, donde permanece una réplica de la imagen de la Virgen, será escenario de una misa a partir de las doce; una hora más tarde habrá pasacalles. Y ya por la tarde, los aguraindarras y visitantes se reunirán en el caserío de Sallurtegui, donde tendrá lugar el reparto de sidra y refrescos entre los asistentes.

Lunes de Pascua

Agurain se come la fiesta

Lapatrona de Agurain volvió a alimentar en el Lunes de Pascua a sus fieles. El Ayuntamiento repartió 350 bollos de chorizo y 50 litros de chocolate a los asistentes a la misa en honor a la Virgen de Sallurtegui.

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Mujeres de Agurain en la tradicional procesión. (Eva San Pedro)

Agurain celebró, un año más, la festividad de la Virgen de Sallurtegui. Coincidiendo con el Lunes de Pascua, varios cientos de fieles se reunieron para rememorar una fiesta que se remonta cientos de años atrás y cuyos ingredientes principales son el Canto de la Aurora, la procesión de la Virgen por el Casco Histórico de la localidad, el reparto de chocolate y un bollo con chorizo. Con ella se festeja la aparición de la Virgen en el caserío del mismo nombre que se encuentra a varios kilómetros de Agurain. Actualmente, esta imagen se conserva en la parroquia de Santa María.

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La fiesta comenzó desde la primera luz del día. A las siete de la mañana –y cuando muchos todavía no han desecho la cama-, un grupo de fieles se reunió para celebrar el tradicional canto de la aurora y la posterior procesión de la Virgen de Sallurtegui por las distintas calles de la localidad. Hace años, los actos y cultos comenzaban a las 6 de la mañana con el Canto de la Aurora; un grupo nutrido por mayores y jóvenes recorrían las plazas, calles y cantones interpretando en los lugares de costumbre las antiguas estrofas.

Aparte los txistularis, con alegres dianas, despertaban al vecindario estimulando su ánimo para acompañar a la imagen de la Virgen en la procesión que, poco después, se organizaba desde la capilla del hospital municipal.

Fieles a la tradición, un grupo de hombres y mujeres –los auroros- recorrieron las calles de la villa precedidos por uno de ellos, que porta un farol, anunciando su paso con una campana. “La salida de la aurora se anunciaba por cohetes y un repique de campanas desde la iglesia de Santa María”, explicó uno de los participantes.

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Con la noche aún encima y temperaturas bajo cero, los auroros comenzaron su recorrido entonando la pegadiza melodía. “Ya ha salido Jesús del sepulcro, el infierno queda lleno de pavor. El pecado y la muerte vencidos, abiertas las puertas del cielo están hoy. Alegrémonos, aleluya, aleluya, aleluya, que ha resucitado nuestro redentor. Cristianos venid, devotos llegad, a rezar el rosario a María si el reino del cielo queréis alcanzar”, repitieron una y otra vez en cada una de las paradas que, con el continuado crecimiento de la villa, han ido aumentando con el paso de los años. “Antes de que el pueblo creciera como consecuencia del desarrollo industrial de los años 60, sólo se cantaba en el interior de las murallas y en los portales. En la actualidad, también se canta por los barrios nuevos que han ido creciendo por la periferia”, apuntó Alberto, gran conocedor y participante de la fiesta.

Después, en cada parada se rezó un Ave María y Gloria Patri. Seguidamente se entonó una canción cuyo origen se ha olvidado: “Salvaterranos venid gozosos, en este día a saludar a vuestra madre la virgencita, que en Sallurtegui tuvo su altar”.

A lo largo de todo el recorrido la comitiva fue creciendo hasta alcanzar el mayor número en la plaza Simón Martínez de Abad, en las inmediaciones de la iglesia de Santa María, bajo un intenso cielo azul.

En el interior del templo, la Virgen de Sallurtegui esperó la llegada de vecinos y visitantes engalanada para la ocasión con un pulcro manto de calas blancas. El pequeño Ander, lideró con su farol la comitiva de la procesión. En cabeza van doce faroles, que representan el Pater noster, las diez ave marías y el gloria de un misterio del rosario, cada uno portado por un vecino de la villa.

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Detrás, la imagen de la Virgen sobre unas andas adornadas con flores. La calle Zapatari fue escenario de los primeros pasos de los fieles que acompañan a la talla de madera dorada y policromada –de 93x36x33 centímetros y datada en el primer tercio del siglo XIV- en su particular visita anual a las principales calles de la localidad para regresar, en torno a las 9.00, a la iglesia de Santa María de Agurain donde permanecerá hasta el próximo año no sin antes recibir las congratulaciones de sus vecinos y pedirle “su bendición para con el pueblo”.

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Félix Elizondo fue el encargado de tocar la campanilla que anunciaba el cambio en las portadoras de la imagen. El tintineo del badajo resonando por las vetustas casas del Casco Histórico paraba la procesión mientras las portadoras de las sujeciones facilitaban el cambio. Hasta en cinco ocasiones –en Zapatari 46, en las inmediaciones de la antigua escuela música, en la plaza de San Juan, en la calle Mayor 26 y en el número 44-, la Virgen de Sallurtegui cambió de hombros hasta su entrada en la iglesia, donde se celebró la misa.

El acto religioso estuvo cargado de emotividad, “porque fiestas como las de hoy dan identidad a nuestro pueblo”, reconoció el sacerdote en la homilía. El cura pidió a todos los presentes su trabajo “porque es necesario hacer un proyecto común con notas de acogimiento a los inmigrantes” y animó a los jóvenes a participar de la celebración recordando “el espacio de convivencia que tiene que ser Agurain”. Durante el oficio religioso se pidió “para que las familias puedan afrontar los contratiempos”, entre otras cosas.

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BOLLO DE SALLURTI

A la salida de la misa, las mujeres pertenecientes a la asociación Sallurtegui se encargaron de repartir el vale que posteriormente podría ser canjeado por el famoso bollo de Sallurti, un pan relleno de huevo y chorizo. Las cosas han cambiado y así lo atestiguaron los más ancianos del lugar, que recordaron que en el pasado eran los padrinos los que compraban el bollo de Sallurtegui a sus ahijados. Un obsequio a partir de bollo con chorizo y huevo que, hoy en día, reparte el Ayuntamiento. En total, se distribuyeron 350 unidades.

La plaza de Santa María, a escasos metros de la iglesia del mismo nombre, acogió el reparto de chocolate y bizcochos para los presentes. Todos coincidieron en que “este año está participando mucha más gente que otras veces, será por el tiempo”, reconocieron María y Conchi mientras le daban un sorbo al vaso de chocolate. Tras el intenso frío que acompañó a los fieles durante la procesión de la mañana, el sol calentó una jornada festiva que comenzó de forma religiosa y finalizó de manera popular con la reunión de los vecinos en las calles con el bollo de Sallurti.

La conjunción de todos estos elementos festivos, religiosos, tradicionales e históricos ha hecho que el nombre y la patrona de un despoblado del que apenas hay noticias históricas, el de Sallurtegui, haya aglutinado en una celebración a toda la población de la villa de Agurain.

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Música de trikis y bollos en la mañana de Sallurtegui

Testos y fotos:
Eva San Pedro
Fernando Sánchez Aranaz
Kepa Ruiz de Eguino

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