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Inhauteriak – Calendario del Carnaval en la Llanada Alavesa

Inhauteriak – Calendario del Carnaval

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Calendario del Carnaval rural en la Llanada alavesa

Kepa RUIZ DE EGUINO

 

El carnaval rural tiene poco que ver con el que modernamente se celebra en casi todos los núcleos urbanos, en el que los participantes se limitan a disfrazarse. Como festejo organizado se estructura en la Edad Media, es hijo del cristianismo, aunque en él pervivan numerosos elementos paganos. Se establece previamente a la Cuaresma, los cuarenta días que preceden a la Semana Santa, como un periodo de relajación previo a sus rigores y penitencias.

El carnaval es época de alegría y confusión. Federico de Baraibar en su obra Vocabulario Alavés dice que Trolla es bulla, ruido de gente, y que los muchachos en los días de Carnaval, solían ir cantando, “¡A la trolla! ¡A la chíbiri, biri, bombón!”

El carnaval rural acaba en todas partes con la muerte y el entierro de un personaje, el cual representa el año que ha pasado. Hay que tener en cuenta que antaño el año empezaba con la primavera, por lo tanto no es sólo una fiesta de fin del invierno, sino también de fin de año.

El Carnaval más madrugador es el que conjuntamente celebran el sábado anterior a las carnestolendas los pueblos de Ilarduia, Eguino y Andoin.

Hace pocos años vimos cómo unos jóvenes entusiastas, junto con algunos mayores, recuperaban uno de los más bellos y auténticos carnavales de la Llanada Alavesa. Es el carnaval rural de Asparrena, una joya de nuestra etnografía, que lo celebran conjuntamente entre estos tres pueblos situados en la muga con Navarra: Andoin, Egino e Ilarduia.

Varios estudiosos han tratado de este asunto de los carnavales entre ellos Gerardo Lz. de Guereñu, Juan Garmendia, Joaquín Jiménez y Carlos Ortiz de Zárate. La asociación para la recuperación del carnaval tradicional estuvo trabajando durante mucho tiempo recogiendo testimonios escritos y orales entre las personas más mayores de la comarca. En algunos de los pueblos hacía 70 años que se celebró el último carnaval. Comenzaron los trabajos de preparación de trajes, yugos, carros, ensayos de bailes y música, etc., así como la organización del recorrido de la comitiva. Esta salía de Ilarduia, pasaba por Egino, para acabar subiendo a Andoin, donde el fuego acabaría llevándose todos los males y pecados, quedando de esta forma purificados los pueblos.

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Foto: Archivo Ruiz de Eguino.

El hombre de paja (Carnaval de Asparrena)

Este carnaval rural se movía en torno al ‘hombre de paja’. Construido el muñeco, en Ilarduia y Egino lo subían en un burro (al personaje hoy lo llevan en un carro tirado por dos personas disfrazadas con pieles y cuernos de bueyes). Antes lo jóvenes de los pueblos habían concertado la comida para las carnestolendas. Comenzaban vestidos de porreros a pedir ‘chavos’ (dinero) y viandas por las casas acompañados de acordeón, tambor y guitarra, cencerros, cascabeles y otros instrumentos. Algunos porreros portaban ‘puchicas’ (vejigas de cerdo), otros ruidosas carracas. Los de Andoin llevaban palos cortos con crin de yegua en la punta, para azuzar a las chicas. Uno de los más impresionantes era un personaje con forma terrorífica, que causaba pavor entre los niños, vestido de negro con máscara aterradora roja y cuernos, recubierto de sangre y con restos de vísceras.

Para la cena se sacrificaba una oveja y se traía algún pellejo de vino. Las chicas iban con vestidos blancos con puntillas y en Ilarduia vestían con ‘zancarros’ de bueyes y pieles de ovejas. En Andoin y Egino se colocaban pieles de oveja en la cabeza. Otros iban disfrazados con sacos de trapos y ropas viejas rellenas con hojas de maíz, haciendo la forma de melenas, o para hacer más tripa y no ser reconocidos, otros con sayas viejas, pero hay gran número de personas disfrazadas representando cantidad de personajes, oficios, etc.

Hay que destacar el color de las pinturas de las caras y las máscaras que portan los jóvenes, donde predominan el rojo y el negro. En el carro llevan una pareja de novios, vestidos él de novia con grandes pechos y ella de novio con un pimiento en la cintura. En estas fechas era costumbre también hacer la ‘pimentonada’, que consistía en quemar pimientos secos y picantes e introducir el humo por algún hueco de la casa, provocando un gran picor entre sus habitantes . Al anochecer la comitiva sube hasta Andoin, donde el ‘hombre de paja’, tras el sermón de un personaje disfrazado de cura, es acusado de todos los males de los pueblos y condenado a muerte mediante un cartucho de pólvora en la bragueta. Encendida la mecha, el reo es ejecutado y reducido a cenizas, mientras los jóvenes saltan y bailan alrededor de la hoguera».

Jueves de Lardero

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Niños de la Ikastola de Agurain, el Jueves de Lardero en la Plaza de San Juan.

El carnaval en Agurain comienza el jueves anterior. Más de un centenar de niños de las ikastolas de Agurain rememoran ésta antigua tradición del “Jueves de Lardero”, con el que se anuncia la llegada del Carnaval.

Hace unos años se inició la tarea de recuperar este festejo. Con la colaboración de José Ignacio López de Luzuriaga, músico aguraindarra y profesor en el Conservatorio de San Sebastián se recuperó una versión de la canción de Lardero:

 

   “Lardero Agurainen
Jai zoragarri
Neska eta mutilen
Ohi ihauteria
Zoriondu nahi ditugu
herriko guztiak
egun on bat denori
ta ahaztu miseriak
Lardero, Lardero
Neska mutilak ero
Lardero, Lardero
Bada ihauteria
Lardero, Lardero
Neska mutilak ero
Lardero, Lardero
Guztio eskerrak!
Lardero lagunak
Izatez zintzoak
Behartuta eguten dugu
Eskalearena.
Ezuzte ta nekeak
Arren hurí barka
Ta poltsan sar (e)zazue
Ahal duzuena”


Se trata de una fiesta en la que los niños son los protagonistas. Recorren las calles disfrazados, haciendo una cuestación, de dinero y alimentos, para celebrar una merienda.

El carnaval en Agurain

Personajes del carnaval de Agurain, el porrero y la sorgine, año 1983

En Agurain es el domingo cuando se celebra el carnaval rural. La fiesta de los carnavales en Agurain goza de una gran tradición. De ella se tienen noticias al menos desde 1678.

Si toda fiesta que se precie es del pueblo, el Carnaval es la fiesta de la gente del pueblo en la calle, la liberación y la locura colectiva. Desde muy antiguo se han celebrado las fiestas de Carnestolendas en nuestra tierra. En el Archivo Municipal de Agurain se le cita en 1678. Desde esta fecha se refleja en numerosos escritos, mostrando la gran importancia que tuvieron en nuestra villa como centro de la comarca.

   Siglo XVI. Auto del Real Oficio de Justicia sobre cierta quimera el día 12 de febrero por la noche entre varios mozos resultando herido uno de ellos llamado Martín Ruiz de Luzuriaga.

Durante varias noches andaban “persiguiendo a las criadas de servicio, apagándoles los faroles que llevaban encendidos, rompiéndolos y tratándolas mal de palabra y obra, profiriendo palabras escandalosas, torpes y deshonestas y escandalizando al pueblo, rompiendo la paz y sosiego público de que gozaba”.

El cirujano vio la herida y por tratarse de la cabeza “la principe del cuerpo y la estación del tiempo” le mandó guardar reposo para no sufrir “consecuencias melancólicas”. Varios mozos habían estado desde las seis a las ocho de la tarde divirtiéndose en casa de Gregorio Martínez de Alangua; después salieron por la calle Zapatería hasta la plaza de San Juan con una guitarra y pandereta y detenidos un rato en la plaza se dirigieron hacia la calle mayor donde se había armado una quimera en la esquina donde habitaba D. Leandro de Osete, entre varios mozos; unos llevaban piedras y otros, palos. Las guitarras quedaron rotas y les dio por jugar a romper faroles a todos las que pasaban por la calle.

Eran carnestolendas en Salvatierra e iban un tanto disfrazados, todos de blanco y uno de militar. Todos eran menores de 25 años y solteros. Sus profesiones u ocupaciones eran: herrero, cirujano, tejedor, chocolatero, arriero, ministro de a pie, es decir, empleado en rentas reales y resguardo de la real aduana, cursante de leyes en el universidad del Colegio Real de Oñate, sastre, etc.

Se les apercibió “de que en lo sucesivo se abstengan de tan impropios procedimientos, se conduzcan a una vida cristiana; se aparten de las ocasiones de ofender al prójimo; se recojan a sus hogares y casas al toque de queda y silencio, sin salir de ellas al de las oraciones sin farol y luz artificial; absteniéndose de formar pelotones y juntas en las calles; dejando a las gentes vayan por su camino”.

Archivo Municipal de Agurain

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Personajes del carnaval de Agurain, el porrero y la sorgine, año 1983.

Carnaval rural de Agurain

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El texto alternativo para esta imagen es el mismo que el título. En la mayoría de los casos, esto significa que el atributo alt ha sido automáticamente provisto con el nombre de archivo de la imagen.Carnaval rural de Agurain y Altsasu


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Banda de Agurain, porreros y sorgines en el 25 aniversario del carnaval. Archivo Ruiz de Eguino.

El carnaval continuó en Agurain hasta 1936, año en que fue prohibido, En el año 1983, un grupo de jóvenes realizó un trabajo de investigación en el Archivo de Agurain y una encuesta entre las personas mayores que habían conocido el carnaval.

Además son interesantes las Ordenanzas Municipales de 1892 sobre los carnavales, en los art. 37-38-39-40-41-42.

A principios de siglo, cuenta Larramendi, se celebraba una misa y tras rezar una oración de desagravio por los abusos, inmoralidades y ofensas que pudieran suceder durante los días del Carnaval, el Sr. Párroco impartía la bendición.

Una vez disfrazados, de porreros o con ropas usadas y extravagantes, las cuadrillas de amigos entre las que se cuenta con quien sabía tocar el txistu, el acordeón o la guitarra animaban la fiesta a los que se agregaban otros chicos y chicas para bailar por la calle la jota o las biribilketas. Tenía más concurrencia la que se organizaba al terminarse el baile del anochecer recorriendo la Calle Mayor de una plaza a la otra finalizando el baile callejero.

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Foto: Archivo Ruiz de Eguino.

Al anochecer, al toque de oración, se quitaban las máscaras. A quien no lo hacía, los empleados Municipales les obligaban a quitársela en cumplimiento de las ordenanzas de la villa de 1.892.

La duración era de tres días. La concurrencia a los festejos del domingo la componían mayoritariamente los residentes de la localidad, por que en muchos pueblos de la comarca celebraban también la fiesta. Lo tradicional era venir a la Villa el lunes.

Los grupos de cada lugar eran muy unidos, la diversión era colectiva, todos disfrazados con telas estrafalarias y gorros, traían sus guitarras, algún pandero, acordeón y se divertían sin molestar a nadie. Con permiso de la autoridad actuaban en la plaza acordeonistas profesionales que tenían organizado con cobradores que se acercaban a los mozos que bailaban para que paguen la “voluntad”. A las parejas de mozas que bailaban no se les cobraba.

Los de los alrededores al anochecer, volvían a sus pueblos como vinieron, en sus carros con ramajes, guirnaldas y telas, en tractores y remolques y en los últimos años con autobuses.
Markitos subido a carro para ser juzgado

El Martes de Carnaval se trabajaba por la mañana. Después por la tarde empezaba la diversión con las características del domingo. Por la noche, en la Sociedad Casino de Salvatierra se celebraba baile amenizado por el piano para terminar a las doce de la noche. En las calles, después de las doce de la noche ya no se tocaban instrumentos musicales hasta el domingo de Pascua de Resurrección.

Carnaval rural de Zalduondo

La principal fiesta de Zalduondo es su Carnaval, que se recuperó en 1975 tras un paréntesis de 41 años. La fiesta gira en torno a la figura de “Marquitos”, un muñeco que tras ser paseado por toda la villa, empalado y luego juzgado, finalmente es quemado siguiendo un rico e interesante ritual. A él le acompañan otros personajes típicos de este carnaval como los caldereros, los barrenderos, las ovejas, el oso, el viejo y la vieja. El Carnaval de Zalduondo es considerado el carnaval de tipo rural más interesante desde el punto de vista etnográfico de Álava.

En Zalduondo un animoso grupo de vecinos, encabezados por el ya fallecido Blas Arratibel, se propusieron la meta de volver a celebrar esta fiesta tal como antaño se hacía. En ninguna otra localidad alavesa han cuajado como aquí y son muchas las personas que se acercan cada Domingo de Carnaval —antes se hacía siempre el martes— a contemplar esta historia de máscaras, de muerte y de vida.

No hay que olvidar que esta fiesta transcurre en época invernal, cuando el campo está aletargado, pero ya asoma un fuerte deseo de que llegue la primavera para desinhibirse. Por eso todo gira en torno a un personaje central, Markitos, un muñeco grotesco de tamaño natural, embutido de heno y disfrazado con chaqueta negra y pantalón gris, como un señorito de ciudad, al que se le acusa de todos los males que sufre el pueblo y, por ello, debe pagar con su vida.

A mediodía, tras la misa, el protagonista es paseado por Zalduondo. Lleva una gran txapela negra y un collar de cáscaras de huevos cocidos y plumas de aves teñidas. Como un condenado antiguo, es llevado a la grupa de un burro y exhibido por las calles. Un mozo, con capa y sombrero, lo acompaña. Le siguen varios músicos y unos mozos, dos de los cuales llevan un largo mástil que llaman ‘lata’. A la altura del palacio de los Gizones o Lazarraga,el reo “Markitos” es desmontado y empalado. Es el malo de esta película.

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Markitos subido a carro para ser juzgado.

Desfile de Markitos

Después de la suculenta comida popular, Markitos —fusilado a insultos en todo momento— es bajado y de nuevo paseado por la comparsa mientras suena una reiterada melodía que la gente corea: «Que venimos de la función, que venimos del carnaval». Txistus, acordeón y atabal repiten el tema, acompañados de una banda de música.

Algunas máscaras merecen atención especial. La más sorprendente, sin duda, es ‘La madre’ o ‘vieja’, una superposición de dos personajes, una vieja achacosa y un hombrón que lloran la muerte de ‘Markitos’, su hijo, mientras los demás se burlan. El ‘barrendero’ transporta un largo palo con una chaqueta hecha jirones, que pasea por las narices de los espectadores. El ‘cenicero’, empelucado, lleva un caldero de zinc en la mano y esparce por doquier las cenizas del muñeco quemado el año anterior. Antaño lo hacía con afán de molestar. Un par de gordísimas máscaras que recuerdan a personajes del Pirineo, embutidos en sacos, son empujados por un oso para que caigan al suelo. Hay también tres ovejas y los ‘porreros’, chicos y chicas cuya indumentaria se nutre de todos los trapos viejos de baúles y desvanes.

En el desfile no falta un carruaje tirado por una mula desde el que varios niños arrojan confetis y que lleva también una nasa tejida con tallo de centeno y zarzas, que servía para guardar el pienso. Es el improvisado púlpito donde ‘el predicador’ leerá el discurso que servirá de razonamiento jurídico para dar buena cuenta de ‘Markitos’. El predicador se renueva cada año y pasa revista a las cosas que han ocurrido en el pueblo. El primer discurso, de 1897, decía esto: «Sea por siempre alabado todo vino generoso; que sea puro y no esté bautizado; de las carnes, el carnero; de los pescados, el salmón; de las aves, la perdiz; y de los puercos, el jamón… El pecado dañó a la cabra, dañó al cochino, también dañó a este pollino, amado lechuguino. Qué gusto sería el mío en la presente ocasión, si tuviera la elocuencia del sabio Salomón»…

En el frontón, acabada la procesión final, es ajusticiado el pobre ‘Markitos’. Antiguamente se le pegaba un tiro y un cartucho de dinamita acababa con él descuartizado. Ahora es quemado con gasolina. Pero junto a sus despojos, los porreros danzan y cantan. Su vida ha sido fugaz, como el carnaval.

El Carnaval de Okariz (Araba)

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Carnaval de Okariz.


El pueblo de Okariz está situado en la Llanada oriental de Alava, al sur de la Sierra de Entzia y a unos pocos kilómetros de la Villa de Agurain. Esta pequeña aldea ha sabido conservar a pesar de las prohibiciones y del paso del tiempo una serie de tradiciones y costumbres ancestrales como el “erre pui erre” el último día del año, la fiesta del carnaval, una auténtica joya de la etnografía alavesa, con sus personajes y sus ritos, el carnaval rural.

Aunque en los últimos tiempos dicha fiesta se quedó reducida al sábado de carnaval y domingo, con la cuestación de los personajes disfrazados por las casas del pueblo, en la actualidad sólo se celebra la tarde del domingo.

Pero hasta hace unos años, incluso en los tiempos del franquismo, Okariz siguió saliendo a la calle con su disfraces a pesar de las prohibiciones, tal y como lo recogió J. Garmendia Larrañaga en su trabajo sobre el carnaval de Alava contado por Aquilino Martínez de Maturana de 65 años y Julián Perez de Arrilucea de 67 en el año 1970.

La fiesta comenzaba el Jueves de Lardero, los pequeños pedían por el pueblo engominados y algunos con sombreros. El mayor de ellos hacía de bolsero. Uno de los niños representaba a un obispo, vestía de monaguillo y llevaba una mitra. Al llegar a cada casa saludaban con el siguiente canto:

   “Jueves de Lardero,
Viernes de la Cruz
Sabado de Pascua
Resucitó Jesús.

Angelitos somos
Del cielo venimos
A ver si nos dan
choricitos y huevos

Si nos dan
O no nos dan
Las gallinitas pagarán.

A continuación intervenía el obispo con el rezo del Padrenuestro de despedida para seguir de casa en casa, se recogían viandas y dinero para la merienda de la chiquillería.

Este jueves postulaba asmismo el pastor de la aldea. Además de lo que le daban a petición infantil, rara era la familia que dejaba de entregar una ración de alubias al aludido ganadero.
Sábado de Carnaval

El sábado por la noche sacrificaban una oveja en la casa del “mozo mayor”, centro de reunión de la juventud del pueblo, y la dueña de la casa preparaba las morcillas para la cena. Seguidamente cenaban los mozos con el vino traído de Agurain.
Domingo de Carnaval

El domingo de Carnaval, los jóvenes varones se reunían al café y a continuación una vez que concluía la función religiosa era cuando se disfrazaban todos los mozos, algunos salían disfrazados de “porreros” con pieles de cabra y de cordero, llevaban colgadas cencerrillas (cintas anchas de cuero con cencerros) y la cara se cubrian con caretas de cartón.

Estos “porreros” se dedicaban a molestar a las mozas y a perseguir y asustar a los niños, las mozas y los niños se refugiaban en el pórtico del templo parroquial, que era el único lugar donde los “porreros” no podían entrar, dado que estaba prohibido a los jóvenes disfrazado.

Al atardecer los mozos se desenmascaraban e iniciaban la postulación justo a la puesta del sol. Comenzaban la ronda acompañados por una o dos guitarras, y al hacer un alto cantaban:

   “A esta puerta hemos llegado,
domingo de Carnaval
a por chorizos y huevos
y cuartos para vino y pan”.

Al despedirse saludaban cantando:

   “No sé como despedirme
para despedirme bien
me despido de…” (decían el nombre de los amos de la casa)
para que todo le vaya bien.

Al llegar a una casa donde vivía una moza, esta les obsequiaba a los mozos con un rosco de pan, espolvoreado con azúcar. Dicha rosca la colocaban estos sobre un palo ahorquillado llamado “matasarda”. El mozo más joven llevaba un saco para el pan; otro, una cazuela para echar la manteca y el chorizo, y un tercero portaba una cesta para los huevos. El “mozo mayor” (el soltero de más edad) se hacía cargo del dinero.

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El hombre de paja llegando a Eguino (Alava).
Foto: Archivo Ruiz de Eguino.

Bibliografía

Juan Garmendia : “El carnaval de Alava”
Jesús Ruiz de Larramendi “Carnavales de Agurain”
Jesús Mari Alday Ochoa de Olano “la vida moral en Agurain”
Carlos Ortiz de Zarate “El carnaval de Asparrena”
Eva San Pedro “Jueves de Lardero en Agurain”
Fernando Sánchez Aranaz “El carnaval de la Llanada”
Francisco Góngora “Carnavales de Zalduondo”
Kepa Ruiz de Eguino “Fiestas y tradiciones de Agurain”

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