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IRADIER Castellano 1

 

Sebastián  Iradier  Salaberri
1809 – 1865

 
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Sebastián de Yradier en Agurain

El presente trabajo está dirigido a mostrar el paso de Sebastián Iradier por la parroquia de San Juan de Salvatierra –Agurain como organista y sacristán mayor.

Existen varios estudios sobre éste compositor alavés de habaneras, nacido en Lanciego el 20 de Enero de 1.809, (ahora se cumplen exactamente doscientos años de su nacimiento) y que murió en Vitoria en el nº 5 de los Arquillos, el 6 de Diciembre de 1.865.

Sebastián Iradier fue autor de de muchas habaneras y canciones populares, entre las que destaca la conocida universalmente como “La Paloma” y “el Arreglito”. La primera la canción más cantada del mundo, la segunda, no tan conocida, fue introducida por Georges Bizet en el primer acto de su ópera Carmen.

Poco sabemos de sus comienzos en la carrera musical, salvo que debió estudiar en Vitoria y a los dieciséis años estaba de organista en la Iglesia de San Miguel.

Sin embargo es menos conocido el paso de Sebastián Iradier por la organistía de San Juan de Salvatierra  y menos aún que fuera sacristán mayor y que se casó en la parroquia de San Juan con una salvaterrana Brígida Iturburu con la cual tuvo un hijo en nuestra Villa llamado Pablo y que a los seis años de estancia entre nosotros se trasladó a Madrid en busca de más amplios horizontes musicales.

Este trabajo está tomado de los estudios realizados entre otros por el secretario de la Villa Don Fortunato Grandes, el musicólogo salvaterrano Dionisio Preciado, además de los trabajos de Pio Baroja, Venancio del Val, Archivo Municipal de Salvatierra – Agurain, Archivo Parrroquial de San Juan de Agurain.
Sebastian de Yradier

“Si a tu ventana llega una paloma…”

Realizar una biografía pormenorizada de Iradier es una tarea harto difícil por la falta de numerosos datos sobre sus vida, Baltasar Saldoni, colega suyo en tareas docentes, ya lo intentó inútilmente, como demuestra en su diccionario bibliográfico de efemérides de músicos españoles, cuando comenta sobre el: “autor muy conocido en el mundo folclórico por sus canciones populares”.

Cuenta Baltasar que estuvo algunos años de maestro de solfeo para canto en el Conservatorio de Madrid con Iradier que por más que se le pidió sus apuntes biográficos o “curriculum”, jamás los negó, pero lo cierto es que falleció sin haberlos entregado.

Sabemos que Sebastián Iradier y Salaberri nace en la Villa riojana de Lanciego (Alava) el 20 de Enero de 1.809. Con once años canta en el coro de tiples de Santa María, estudia piano y órgano con diez y seis en Vitoria.

Entre Abril de 1.825 y Junio de 1.827, es organista de la Iglesia de San Miguel Arcángel de Vitoria oposita y gana la plaza de organista y sacristán mayor para la parroquia de San Juan Bautista de Salvatierra donde comienza a trabajar el 5 de Junio de 1.827.

En 1.829, con 20 años contrae matrimonio con Brígida de Iturburu en la misma parroquia donde el ejerce de organista de San Juan Bautista de Salvatierra , de su matrimonio nacerá un hijo llamado Pablo de Iradier Iturburu.

A parte de sus obligaciones musicales religiosas, siente gran afición por las canciones populares que estaban de moda en los salones privados de la burguesía  vasca, y disfruta interpretando al órgano y a la guitarra canciones y boleros, seguidillas y tiranas.

En 1.833 se le concede licencia para perfeccionarse en Madrid en estudios de música para cuatro meses que se convertirán en varios años, en los que faltará a sus obligaciones de organista, puesto que interinamente cubría su amigo y discípulo Antonio Ruiz de Landazábal, nacido en Agurain.

 

Cuatro organistas salvaterranos:

Salcedo, Ercilla, Iradier y Landazábal

 
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Actuaba en la Villa de Salvatierra en el periodo constitucional , el organista Don Juan Salcedo, devoto recalcitrante del sistema liberal, que no se contentó con la propaganda oral se las ideas del sistema imperante, sino que haciendo alarde público de tales sentimientos, que pugnaban contra los generales del vecindario salvaterrano, en la Misa Mayor de San Fernando, que como es sabido tenía en aquellos días una especial significación de devoción al Soberano, tocó el órgano de Iglesia de San Juan donde se celebraban aquellos cultos, el “tragala”. Le recriminó el párroco don Simón Luzuriaga, pero con tan poco éxito que reincidió en la festividad del 8 de Septiembre con canciones parecidas, por lo que dicho párroco le mandó recado para que se abstuviera de tocar tales cosas en el órgano contestando el despreocupado organista Salcedo que si quería, subiera el cura a tañer el mismo el órgano.

Esto fue suficiente en el año 1.823, cuando cayeron los constitucionales, para destituirle del cargo, y aunque acudió promoviendo expediente a fin de ser repuesto, el provisorato dio por causa suficiente lo probado por los parroquianos para confirmar dicha resolución, con fecha de 23 de Octubre de 1.826, quedando en consecuencia vacante la organistía de la parroquia de San Juan de Agurain.

 

 
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Para proveer tal vacante de organista, se señalaron las condiciones correspondientes, fijándose el sueldo de seis reales diarios, y como había de ejercer también el cargo de colector y sacristán mayor de la parroquia de San Juan, se daban además 23 fanegas de trigo, 60 tortas de pan los días de cátredas, etc…, y los derechos de otra clase, o emolumentos por funciones, aniversarios entierros, etc.; tocaría el órgano de dicha parroquia todos los domingos y días festivos y de precepto del año, en las primeras y segundas vísperas de los mencionados días , los sábado el maginificat y salve, entonando el introito en las misas conventuales y asistiendo a las misas cantadas y aniversarios de coro, pero sin tañer el órgano y a las cantadas los lunes y miércoles; que no se ausentaría sin permiso; enseñaría a los niños el canto llano y el órgano, daría fianza para garantía de las alhajas de la iglesia que recibiría bajo inventario, teniendo siempre templado el órgano y que se provea el cargo por oposición.

Se anuncia ésta y concurrieron a los ejercicios diez solicitantes que fueron examinados por el R. P. Fray Pedro de Bengoa, organista de la Iglesia de San Miguel de Vitoria, según dice el acta.

Tuvieron lugar los ejercicios el 30 de Mayo de 1.827, festividad de San Pedro, en cuyo día quedó virtualmente destituido el organista Salcedo y donde nuestro Sebastián Iradier sobresalió con exceso (son palabras del informe) en el tañido a discreción, forzado y acompañamiento, con la primera calificación en canto llano y segundo en la voz; por lo que el sinodal dice: “Conforme a ésta lista , soy de sentir que el primer acreedor a la plaza es Don Sebastián Iradier, por haber ejecutado los ejercicios con notable superioridad.

Cesó en el cargo el organista interino Don Crispín Ercilla, natural de Salvatierra, al cual se había nombrado al verificarse la destitución de Salcedo y entró en posesión don Sebastián Iradier en el año 1.827.

BODA EN SALVATIERRA DE SEBASTIAN IRADIER

Con fecha 29 de Julio de 1.829, previas las tres canónica moniciones en los tres días festivos precedentes, en la Iglesia de San Juan de donde era feligrés el contrayente y en la insigne iglesia colegial de Santa María de Vitoria donde por haber sido residente, se leyeron así mismo las moniciones, sin que resultara impedimento; y previo al consentimiento paterno, examen y aprobación de doctrina cristiana, don José Gabriel de Luzuriaga, con autorización del párroco de San Juan, Don Simón Ruiz de Luzuriaga, casó a Don Sebastián Iradier, natural de Lanciego, hijo legítimo de Don Santiago Iradier, natural de Lanciego y Doña María Eusebia Salaberri, natural y ambos vecinos de Vitoria, con Doña Brígida de Iturburu, natural de Salvatierra, hija de Don Fernando Iturburu y de Doña María Cruz Durana, naturales y vecinos de Salvatierra, siendo testigos Don Sebastián de Luzuriaga, Don Marcos de Luzuriaga y Don Ramón de Yara y otros vecinos de Salvatierra.

 
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Acta de nacimiento de Pablo Fernando de Yradier

Archivo de la Parroquia de San Juan

En el día veinte y cinco de Enero del año de mil ochocientos y treinta, yo Don Simón Ruiz de Luziriaga Presbitero Beneficiado de las Iglesias Parroquiales adunizem unidas de esta Villa de Salvatierra y Cura en la de San Juan Bautista  bautizé solemnemente y puse por nombre Pablo Fernando a un niño que nació  a las siete horas y media de la mañana de este día según declaración de sus padres que son legitimos Don Sebastián de Yradier natural de Lanciego y Doña Brigida de Iturburu natural y ambos vecinos de Salvatierra.

Abuelos paternos Don Santhiago de Yradier natural de Lanciego y Doña María Eusebia de Salaberria consortes legítimos naturales y ambos vecinos de Vitoria.

Abuelos maternos Don Fernando de Iturburu y Doña María Cruz Díaz de Durana consortes legítimos naturales y ambos vecinos de Salvatierra.

Fueron padrinos dichos Don Fernando y Doña María Cruz abuelos maternos a quienes advertí el parentesco expresado y demás obligaciones que habían contraído y para que conste firmo:

Simón Ruiz de Luzuriaga

 
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MARCHA DE IRADIER A MADRID

En la sesión de la Junta parroquial del 7 de Julio de 1.833 se concedió la licencia solicitada por Don Sebastián Iradier para un plazo de tres o cuatro meses fin de imponerse en composición, entrando como interino el discípulo de Iradier, Don Antonio Landazábal y como el 21 de Junio de 1.835 no había regresado todavía, se acordó requerirle para que viniera a ocupar su puesto, más como en su ausencia había surgido la guerra civil, iba pasando el tiempo, sin haber dado señales de vida hasta el 15 de Enero de 1.840, escribiendo en esta fecha desde Madrid acusando recibo de los dos oficios de requerimiento y manifestando que está dispuesto a regresar a su puesto, pero que debido a su delicado estado de salud y a la espera de el tiempo mejore y ya en Junio del mismo año de 1.840, escribe su padre Don Santiago Iradier, que vivía en Vitoria, encargando a la Junta que liquide las cuentas pendientes y una vez hecho se le comunique con objeto de mandar la renuncia del cargo, la cual no había hecho antes, esperando haber como quedaba su puesto con el arreglo parroquial.

 
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Había acudido los de la parroquia al Provisorato en solicitud de que declarara la vacante en vista de la reiterada ausencia de  Iradier, más dicha autoridad no accedió, en consideración  a tratarse de un puesto ganado a oposición.

 
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Por fin el 18 de Julio de 1.840 remitió el escrito de renuncia de su cargo de organista de la Iglesia de San Juan de Salvatierra, que fue provisto en su discípulo Don Antonio Landazábal y como éste quería, sin duda, acreditar su suficiencia, no obstante estar ya en posesión del cargo, solicitó ser examinado por su propio maestro Don Sebastián Iradier, quien así lo hizo en Vitoria el 7 de Septiembre de 1.840 y la certificación que con tal motivo libró el día siguiente nos hace saber los títulos que entonces tenía, ya que encabeza el certificado del modo siguiente:

Don Sebastián Iradier, primer maestro de solfeo para el canto en el Real Conservatorio de Música de María Cristina; Vice –rector de la Academia Filarmónica Matritense; Socio de Mérito en la clase de maestros  compositores y consolidario que fue del Liceo Artístico de Madrid: Catedrático de Armonía y Composición del Instituto Español; profesor del Colegio Universitario de Madrid y Socio de Honor de la Academia Filarmónica de Bayona”.  

 
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SEBASTIAN IRADIER ORGANISTA DE SAN JUAN DE SALVATIERRA – AGURAIN

El órgano de la Iglesia de San Juan era bueno, por más que ya antiguo, por lo que se hallaba algo estropeado. Iradier supo sacarle buen rendimiento, contribuyendo al esplendor del culto. Por su temperamento y carácter a Iradier le costaría llegar a sentir la música religiosa; le atraían más las obras sinfónicas de los grandes maestros.

En contra de lo que escribió Pio Baroja, dudando de que Iradier fuera un buen organista, se ha manifestado que era uno de los mejores profesores de música organística. Aunque en parte el novelista pudiera tener razón. Si bien Iradier había llegado después de un importante entrenamiento en el órgano de San Miguel de Vitoria, además de la experiencia que fue adquiriendo. Muy expecialmente cuando de Salvatierra se trasladó a Madrid y ejerció docencia, además de perfeccionarse en conocimientos musicales.

Durante la estancia de Iradier en Agurain se granjeó las simpatías de las gentes por sus atractivas dotes. Joven como era, apuesto y hasta elegante, se captó principalmente a la juventud aguraindarra sobre todo femenina, con la que alternaba normalmente. Era su carácter abierto y le agradaba tratar al vecindario, lo que, por otro lado, era casi imprescindible en una localidad pequeña.

No dejaba de alternar en bailes, meriendas y fiestas, siempre de buen humor, puede decirse que era un juerguista. Algunos comentaban que era un “elemento” y había quienes le tildaban de “calabera”, incluso en el Archivo de nuestra Villa han aparecido alguna denuncia por sus escarceos con alguna dama, aunque al final no fueron a mayores.

Era liberal en el doble concepto del vocablo. En su significación política, al contrastar con la tendencia carlista de parte de los habitantes de la Villa.

Era habitual que cuando se juntaba con la juventud de Agurain improvisara alguna canción acompañado por la guitarra. Y claro es que tampoco se le veía ausente de los bailes.

A la gente le complacía la alegría que caracterizaba, pero a quien no le agradaba mucho la menera de ser de Iradier era al párroco de San Juan y tal vez tampoco a los clérigos, que le consideraban no solamente didipado, sino en cirto modo libertino. Era lógico con sus 18 años, hasta los 24 que aquí estuvo.

Como las obligaciones de organista y “sacristán mayor” no le agobiaban, le quedaban tiempo para sus ocupaciones musicales. Daba clases de solfeo y piano y hasta de composición musical a algunos convecinos. Se ejercitaba en los entrenamientos organísticos para perfeccionarse en la ejecución y profundizaba en otros aspectos de la música, así como la armonización de algunas canciones.

 
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LA MUJER DE UN VIEJO GENERAL CARLISTA

Contaba Pio Baroja que Iradier “cortejaba a una mujer joven y coqueta, Juanita, casada con un viejo”. No resulta extraño por otra parte, dada la manera de ser del organista que, desde luego, es presumible que gozara de un buen cartel entre las salvaterranas y se lo disputaran.

El viejo – dice Baroja , celoso y carlista, estaba “con la mosca en la oreja”. Habló con los suyos y decidieron prender al músico y enviarle a uno de los batallones de realistas de Alava, para que lo metieran en cintura o le pegaran cuatro tiros”.

En cuanto a la costumbre de Iradier de mezclar en la iglesia motivos de carácter profano entre los temas religiosos, ya que se había dado un antecedente en el organista que le precedió, Julián Salcedo, despedido por no cumplir las condiciones con las que entró a servir su empleo. También era de talante liberal, “que persistía en sus ideas políticas, incluso trataba de imponerlas desde el órgano parroquial.

En previsión de que ocurriera lo mismo con posterioridad, el Obispo de Calahorra – a cuya Diócesis pertenecía entonces Alava- con motivo de una visita pastoral a Salvatierra, el año 1.819 dictó una disposición que la tuvo en cuenta el párroco que regía la Iglesia de San Juan con el músico de Lanciego: “Que no permitan, bajo ningún pretexto, que en órgano se tañan ni canten sonatas o canciones profanas, más propias del teatro que de la casa de Dios, por las cuales más tratan de regalar el oído de los fieles, que excitar y moverlos a un afecto piadoso para su Dios” (Así lo recogía Dionisio Preciado, fraile salvaterrano en su trabajo en la Revista de Musicología, el año 1984, al tratar del Paso de Iradier por Salvatierra)

 

 
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EL VIAJE A MADRID

No estuvo éste en Agurain más de seis años . El  año de 1.833 solicitaba licencia de tres o cuatro meses  con  objeto de trasladarse a Madrid para poder mejorar sus conocimientos en la composición musical. Licencia que le fue concedida el 7 de Julio del mismo año. No obstante no se sabe si Iradier se ausentó de la Villa de manera inmediata, o si permanceció un par de años más.

Existe un escrito referente  alas cuentas de la colecturía de los años 1834 y 1835.  En él reclama Iradier la cantidad que la iglesia de San Juan de Salvatierra le tenía que abonar como sacristán mayor, más mes y medio de salario correspondiente al mes de Mayo y mitad de Junio de 1.835. A pesar de todo ya se encontraba en Madrid que es desde donde escribe.

Seguimos con Baroja: Decía éste que el “Sebastianito”, tal y como le llamaban en el pueblo, advertido de lo que preparaban contra él por lo de su amiga Juanita (aquella esposa de un general carlista a la que cortejaba) escapó de la Villa de Salvatierra a lomos de un caballo. Llegó a Vitoria y desde allí escribió una carta muy respetuosa al párroco de San Juan diciéndole que iba a tomar una licencia de cuatro meses y marcharse a Madrid.

 
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Dice Preciado, que dada la situación  a causa de las guerras carlistas en las que se encotraba el país, “recelaba Iradier de volver a su tierra”. Santiago Iradier, padre del organista, decía que había dejado el puesto “por haberle obligado las circunstancias de la guerra” y el propio Sebastián  alude a las “vejaciones que ha sufrido en la guerra” (se sobreentiende que en Salvatierra).

Como quiera que transcurrió el tiempo, convertidos los meses en años sin que Iradier se reintegrara a su puesto de organista, a partir del mes de Octubre de 1.839 le fueron dirigidos dos oficios instándole a que se presentara en Agurain a cumplir su oficio de organista y sacristán mayor.

No respodió al primero, pero sí  al segundo el 15 de Enero de 1.840, en el que justificaba que la demora en su respuesta había sido por la situación de la guerra carlista en el País Vasco y dado que ya iba mejorando volvería a su puesto.

Pero llegó el mes de Mayo de 1.840, cuando se trató de la respuesta del organista que seguía sin aparecer por la Villa. Por fin el 4 de Junio escribe:

“Esperaba que saliese el arreglo del clero, para ver si en mi asignación de organista y colector había alguna variación, pues me sería muy doloroso que después de hacer un viaje tan largo, me encontrase con modificaciones y rebajas del asunto y tuviese que volverme”.

 
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ANTONIO LANDAZABAL SUSTITUTO DE IRADIER

Por fin el 18 de Julio de 1.840 al cabo de cinco años de ausencia  de nuestra Villa. Sebastián  Iradier renunciaba a su plaza de organista y colector de San Juan para que pudiera ser provista  en quien se creuyera con más méritos para su desempeño.

El 25 del mismo mes se anunciaba oficialmente la vacante y era elegido nuevo organista, po la vía rápida, sin oposición. Antonio Landazábal, que había sido discípulo de Iradier.

Antonio Landazabal venía sustituyendo a Iradier de forma interina, con una asignación de tres reales diarios y permitiéndosele que comparta la organistía con su compañero Elías Ruiz de Luzuriaga. Este último era titular del órgano de la otra parroquia de Santa María, desde el fallecimiento del títular  Elías de Durana, uno de los que el año 1.827 había competido con  Iradier.

Landazabal era natural de Salvatierra – Agurain, circunstancia que se tenía como perferente; además era sobrino del cura. Después de haber regentado la plaza durante doa años, también solicitó permiso para trasladarse a Oñate e instruirse prefectamente en el oficio.

Le fue concedido el permiso con la condición de que habría de asistir a las funciones que se celebraban en la parroquia, aun estando de permiso. Condición que cumplió fielmente y que él tuvo en cuenta  al colicitar  ser nombrado organista titular.

 
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VUELTA DE IRADIER

Vovió Sebastián Iradier a Salvatierra el 6 de Septiembre de 1.840 para que le fueran abonados los retrasos, como así se acordó hacerlo a razón de 500 reales en cada uno de los cinco plazos.

Aprovechando la estancia suya en Agurain, al día siguiente 7 de Septiembre se examinó a Antonio Lanzazábal, a petición de este mismo, para que pudiera justificar que no se le había otogado la plaza caprichosamente. No se dudó de que el examinador fuera el propio Iradier, dada su categoría profesional., conocido como uno de los mejores profesores de música organistica de la época.

 
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Enterada la junta de la parroquia del dictamen emitido y leído que fue el día 20 del mencionado mes, se retiró el acuerdo de concesión de la plaza de organista de San Juan a favor de Landazábal, visto el informe favorable del que había sido su maestro de órgano.

Sebastián Iradier en el encabezamiento de sus certificado, señala los títulos de que venía precedido desde Madrid: Maestro de solfeo para el Cantoen el Real Conservatorio de Música de María Cristina, Vice – rector de la Academia Filarmónica Matritense, socio de mérito en la clase de Maestro compositor, consolidario del Liceo Artístico de Madrid, catedrático de Armonía y Composición del Instituto Español, profesor delColegio Universal de madrid y socio de honor de la Academia Filarmónica de Bayona, etc..

Tenía Iradier 31 años de edad.

Cuando Iradier se fue a Madrid y a los dos años de su estancia en Agurain, ya había contraído matrimonio. Pudo la recomendación que le hiciera el párroco o pudo la habilidad y gracia de uan de aquella salvaterranas con las que solía alternar, la agraciada fue Brigida de Iturburu y Díaz de Durana que sólo contaba 20 años al igual que él.

El desposorio tuvo lugar en la misma iglesia de San Juan, en la que él tocaba, el día 29 de Julio de 1.829, del matrimonio nacería seis meses después un varón llamado Pablo Fernando.

No fue duradero este matrimonio, ya que Brígida murió muy joven e Iradier volvía a casarse cuando se hallaba en Madrid, entre los años 1840-1850.

La segunda esposa fue una madrileña llamada Josefa Arango, con la que tuvo una hija llamada Matilde.

 

 
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VUELTA A SALVATIERRA AGURAIN

Tras su estancia en Madrid, La Habana y Paris, Iradier no olvidó a sus amigos de Agurain y un buen día se presentó a saludar a cuantos colegas de la Villa quedaban.

Aquellas jóvenes con las que tanto había alternado y con algunas cortejado, se habían hecho tan mayores como él.

Poco se parecía a aquel chico joven, bien puesto y galante que a tantas las traía locas.

A pesar de que no era muy dado a las cosas de la Iglesia – el género de vida que había llevado no le ayudaba a eso-entró en la parroquia de San Juan para ver su órgano y tocó algunos acordes.

El que con más emoción le recibió fue su sucesor en la organistía y discípulo Antonio Landazabal. Naturalemente le pidieron que les contara algo de sus vida y de sus correrías por el mundo y también que les cantara canciones que había compuesto. Aunque no recordaba ya con exactitud algunas de las que compuso y que cantaba siendo organista de San Juan, con alguno de sus amigos entonó algunas canciones acompañándose de una guitarra.

No se fue sin cantar aquella habanera que había dedicado en Cuba a una “linda guachinanga” que la llegó a inmortalizar anónimamente “LA PALOMA” aunque aquella fresca y bien timbrada voz de juventud se le había quedado opaca y algo quebrada.

 
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Unos meses después empeoró y el 6 de Diciembre de 1865, moría en los Arquillos de Vitoria, y era enterrado en el cementerio de Santa Isabel de Gasteiz.

En este artículo se aprecia el gran interés que el Cabildo salvaterrano tenía por sus organistas, los muchos candidatos que pretendían esta plaza bien dotada y sobre todo, algunos aspectos del gran compositor Sebastián Iradier desconocidos hasta ahora, como su calidad como “sacrsitán mayor” de San Juan, organista, músico y pedagogo.

Iradier nos dejó una apreciable producción. Publicó un Albúm Filarmónico con dibujos de Genaro Pérez Villamil, que reunía seis canciones suyas con letras de Juan Peral, dos de Campoamor y una de García Gutierrez, además de cinco valses.

 

 
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En Cuba se supone compuso su famosa habanera “La Paloma” que inmortalizó su nombre y que ha sido empleada esta melodía en muchas películas de todas las nacionalidades y de modo especial en Habanera (1958) de José María Elorrieta, interpretada por los Xey.

Cuentan que la mujer del Emperador Maximiliano de Mexico estaba enamorada de “La Paloma”. Y él mismo pidió escucharla como último deseo antes de su ejecución. Eugenia León, sin embargo, le dio la vuelta en su tonadilla antiimperialista. “Si a tu frontera llega una paloma, cuida que no sea un buitre lo que se asoma….”

Georges Bizet y a pesar de ser gran amigo suyo, plagió sus notas para su opera Cramen y lo reconoció, aunque quizás un poco tarde, pensando que se trataba de una canción popular española, se trataba del “Arreglito” de Iradier.

Gestionó la publicación de numerosas canciones que tenía manuscritas y la casa Heugel le editó una colección de 25 canciones con acompañamiento de piano y letras en francés. En Madrid le grabaron un centenar de obras suyas; escribió cinco números musicales para un sainete titulado “Las ventas de Cárdenas” el aire de baile “Los caracoles” que se interpretó y popularizó en cafés – cantantes, “El Contrabandista”, etc…

La obra de Iradier es fina y los ritmos de sus canciones tienen gracia y originalidad. Con Prudid y Cepeda compuso la música de la zarzuela “La Pradera del Canal” en 1.848, etc..

 
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IRADIER COMPUSO LA PRIMERA HABANERA

LA HABANERA

Existe gran polémica sobre el término “habanera” ya que en distintos lugares se le define con distinto nombre. Según algunos trata de definir un tipo de canción popular cubana, además se llamaría así, fuera de Cuba, a la Contradanza y a la Danza que bailaba la burguesía y la aristocracia cubana. Por último fue también el término que, con el paso del tiempo, se le dió a la canción culta para voz y piano que Iradier definiría en su partitura como Danza lenta, un género que quedaría definido gracias a la publicación de la “Paloma”, primera partitura de autor conocido que existe.

 

 
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En nuestra tierra se entiende por habanera una canción que sigue la pauta del ritmo tango en un compás muy lento.

Sebastian Iradier que había nacido en Lanciego (Alava) en 1809 un 20 de Enero, día de San Sebastián, de donde tomó el nombre, viajó desde Paris a Estados Unidos, México y Cuba a mediados del siglo.

La presencia de Iradier en Cuba la recoge la Enciclopedia de la Música Espasa Calpe, la Enciclopedia Vasca, Juan Piñero en su “Diccionario de Músicos Españoles” publicado en 1984, Juan Salvat en su “Diccionario Musicalia”, Joaquin Peña e Higinio Anglés en el “Diccionario de la Música Labor”, Edgar Istel en “Bizet und Carmen” del año 1927, Paul Landormy en “Bizet” de 1941, G. Chase en “The Music of Spain” (Nueva York 1941) y otras publicaciones como “La Esfera” en un número publicado en el año 1917.

Múltiples fuentes nos infoman que nace en éste momento “La Paloma”, la más mundialmente conocida y cantada habanera que difundió por el mundo una forma muy especial de canción. Aunque algunos musicólogos dicen que en 1842 se publicó la primera partitura, sin autor reconocido, de t´tulo “El amor en el baile”, es la de Iradier la primera partitúra, con firma de autor, que se conserva en la Escuela de Artes y Oficios de Vitoria – Gasteiz, que define para los tiempos venideros los que conocemos hoy como habanera aunque en Cuba, el pueblo la cantaba de antiguo en formas de Cachucas o Guarachas populares, al igual que en los puertos que mantenían relaciones comerciales con Cuba como el de Cádiz.

 
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Natalio Galán en 1983 afirma que a la habanera se le han adjudicado los orígenes más diversos desde el zortziko vasco, según Pedrell, a la música de los incas o antiguas culturas asiáticas, según D´Harcourt. Al parecer Galán también otorga el origen de la actual habanera, tal y como la conocemos en nuestra tierra, a la Danza Habanera. Pero nada aporta, al parecer, sobre el momento en que se realiza la ralentización del ritmo que nos presenta Iradier en su obra, ralentización que define a la habanera tal y como la conocemos hoy en día.

Con el paso de los años es dificil saber como era la canción que se cantaba en Cuba y si respondía en realidad a los que hoy conocemos como habanera. Lo más probable es que el ritmo tango, con presencia documentada en Cuba desde el siglo XVII, hubiera desarrollado una canción popular muy cercana a la que Iradier plasma anteriormente en su partitura, como ya hemos apuntado.

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