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Museo al aire libre (I)

Museo al aire libre de cerámica en Agurain (I de II)


Kepa RUIZ DE EGUINO
(Publicado en “Euskonews”)

El Ayuntamiento de Agurain ha proyectado un Museo al aire libre con obras en cerámica (azulejos) de pintura contemporánea por las Calles de la parte vieja de la Villa.

Uno de los legados artísticos y culturales de nuestra villa son las artes decorativas elaboradas en la desaparecida fábrica de azulejos “
Sociedad Cerámica Alavesa”.

Con el objetivo de recuperar éste legado y recordar la tradición alfarera de Agurain se va a crear en esta Villa el primer Museo al aire libre de obras de pintura contemporánea en cerámica, con la exclusiva forma de producción artesanal, así como su ornamentación con formas geométricas y vegetales típicas de la antigua Cerámica Alavesa, reflejándose las tradiciones culturales de nuestra zona y de nuestra historia.

Para desarrollar esta iniciativa el Ayuntamiento de Agurain ha realizado una amplia investigación y selección de obras que representan la cultura y tradición de Euskal Herria, todas ellas hechas en la desaparecida fabrica de azulejos “Cerámica Alavesa” y en las que colaboraron entre otros los pintores
Obdulio López de Uralde, Ramiro y José Arrúe.

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Montaje del Ayuntamiento de Agurain del futuro Museo al aire libre.
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Cerámica Alavesa (Exposición de Gasteiz de 1916)

La prensa en Agosto de 1916 comentaba sobre la Exposición de la empresa de azulejos de Agurain, lo siguiente, según escribe, José Antonio García Díez en su libro “La Pintura en Alava”:

A cuantos visitaron el Concurso Obrero debió sorprenderles la instalación de la “Cerámica Alavesa”, una industria establecida en la Villa de Salvatierra, creada unos años antes y que había adquirido un desarrollo extraordinario. En la Exposición destacaba la confección artística con aplicación a la decoración, como algunos cuadros de sabor regional, representando escenas vascas y tipos de la región, debidos al lápiz de José Arrue y han colaborado también con la “Cerámica Alavesa” los artistas Tomás Alfaro y Ortiz de Urbina. Este tipo de decoración realizada a partir de azulejos unidos, estaba llamado a tener una buena aplicación en la construcción.Hoy podemos ver dos muestras en la oficina central de la Caja de Ahorros Provincial, según bocetos del nombrado José Arrúe y Obdulio López de Uralde.

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Antigua foto de la exposición de 1916.

La azulejería en el País Vasco (La cerámica de Agurain)

Se designa con el nombre genérico de azulejos a unos bloques arcillosos planos, no muy gruesos, de diversas formas y tamaños y con una de sus caras alisadas y cubierta por una capa de vidrio, o más frecuentemente, por esmalte opaco, blanco o decorado. Conocidos desde la antigüedad, fueron utilizados con finalidades ornamentales hace más de cinco mil años, en la península ibérica fueron los alfareros árabes quienes iniciaron desde el Sur, pasando por todo el Levante y Cataluña la confección de ésta interesante variedad de productos cerámicos.

En el País Vasco y por lo general toda la zona húmeda del Norte, la azulejería adquirió escaso desarrollo; y ello debido en parte a las condiciones climáticas y en parte también a la escasa influencia que los árabes ejercieron sobre la producción cerámica de tales provincias. En dicha zona se conoce la existencia de algunos azulejos heráldicos, nobiliarios antiguos, a menudo procedentes de los alfares levantinos de Manises.

En Euskal Herria el ceramista M. Amann y el pintor Enrique Nieto llevaron a cabo alguna breve labor en Bilbao de decoración con azulejos. Pero fue en la Vieja Agurain donde a principios de siglo comenzó a desarrollarse una interesante labor de decoración y hermosos trabajos artesanos con azulejos.

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Proyecto del Ayuntamiento de Agurain 2006.

En contraposición con lo anteriormente recogido, hacia los años 1912 – 1913 se instaló en la Villa de Salvatierra de Alava un taller cerámico, que tras de ocuparse durante un decenio en la producción de vasijas de barro para usos domésticos (cazuelas, ollas, pucheros, botijos, barreñones para la matanza, etc.) inició la fabricación de azulejos en nuestra región. Este taller pasó entre los años 50 y 51 a ser propiedad de unos alfareros de Onda (Castellón de la Plana), la familia Alvaro Estornell, especializados en la obtención del mencionado articulo; y desde entonces su confección tomó carta de naturaleza en territorio euskaro, llevándose a cabo con él, por algún tiempo, una producción azulejera muy interesante.

Cuando comenzó esa labor el alfar de Agurain, las tierras arcillosas, utilizadas como materias primas, se traían del vecino pueblo de Galarreta. Luego éstas vinieron de Ullibarri-Jauregui, y al no poder conseguir con ellas los favorables resultados apetecidos, fueron mezcladas con las procedentes de Langarika, población no lejana de Agurain. Más adelante se realizó un ensayo con tierras de Ozaeta, pero los productos obtenidos eran deficientes y por ello se renunció a utilizarlas: debe ser indicado que en todos los casos las extracción de las tierras fue estacional, almacenándose luego éstas en cobertizos, tras de su prolongada meteorización en eras donde quedaban sometidas a la acción continuada del aire y del sol.

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Mural de la Caja Vital de Obdulio “Romería de Galarreta”.

Cuando pudo conseguirse una selección de arcillas con propiedades adecuadas, al llegar el momento de preparar la pasta destinada a la confección de los azulejos se molía la mezcla de aquellas, se tamizaba el polvo y se amasaba largamente después de empastarlo con agua: ésta era adicionada en la cantidad necesaria para que la pasta contuviera un 20 por ciento de humedad cuando se iba proceder al modelado de cada azulejo. Dicha operación se realizaba mediante prensas capaces de dar piezas completamente planas, con aristas vivas y exentas de toda clase de defectos: en los aparatos utilizados al principio en la Cerámica Alavesa de Salvatierra, los azulejos obtenidos precisaban un secado ulterior, antes de cocerlos; y éste se aplicaba apilándolos en pequeños grupos, y colocándolos en posición vertical dentro de unas grandes salas bien aireadas.

Más adelante fueron instaladas unas prensas de fricción mucho más potentes y entonces el secado resultaba innecesario, por lo cual los azulejos, después de modelados, se cargaban en unas pequeñas vagonetas de forma especial, tal y como nos han relatado algunos antiguos operarios de la Cerámica,

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Romería en la ermita de San Vítor de Gauna de Alava, mural ubicado en la C/ Mayor nº 32 de Agurain, propiedad en origen de Dimas Ugarte, promotor de la Cerámica Alavesa.

y seguidamente iban siendo introducidas en el horno para proceder a la cocción del bizcochado; cada vagoneta contenía de 30 a 50 piezas, según el tamaño de ellas y la carga total del horno podía sobrepasar los ochenta mil azulejos, requiriéndose unos tres días para la total ejecución del enhornado. (Nos contaron que antes del uso de vagonetas el horno se cargaba apilando los azulejos en capas superpuestas bien espaciadas para dejar paso a las llamas. Procediendo así la operación de carga duraba cuatro o cinco días y se enhornaban unas sesenta mil piezas.).

Ultimado éste, se encendía el horno, siendo necesarios otros tres días para llegar a darle temple y entonces se forzaba el fuego durante unas cuarenta y ocho horas, a fin de conseguir que en la cámara de cocción o laboratorio se alcanzasen los 950º C., por ser ésta la temperatura más conveniente para lograr un bizcochado perfecto. El calor se obtenía quemando leña, o bien diversas plantas herbáceas muy secas (espino, retama, brezo…) pero el crecido consumo de éstas, las dificultades inherentes a su acopio y manejo – en forma de gavillas- y otras razones igualmente importantes, aconsejaron modificar los hogares, aplicando a los mismos unos quemadores de fuel oil, y éste era el combustible utilizado en las últimas etapas de funcionamiento del alfar aquí reseñado de la Cerámica de Salvatierra.

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Antigua foto de la Cerámica Alavesa de Agurain de 1950.

Finalizado el tratamiento térmico precedentemente descrito, se abrían unos orificios de ventilación existentes en la bóveda de cada horno y con ello se iniciaba un enfriamiento proseguido luego lentamente; cuando se consideraba que los hornos y sus respectivas cargas estaban suficientemente fríos, se precedía a la apertura de la puerta principal del laboratorio, con objeto de terminar completamente el proceso de enfriamiento. Entonces se llevaba a cabo la descarga de los azulejos bizcochados, encomendando tal operación a tres o cuatro operarios, quienes la terminaban al cabo de seis u ocho horas de trabajo continuo.

Las piezas descargadas eran después barnizadas por una sola cara, aplicándoles un esmalte blanco o coloreado. En los primeros tiempos de actuación de este centro fabril de Salvatierra cuya labor describimos, ese barnizado se hacía a mano y un operario podía tratar diariamente unas siete mil piezas; pero más adelante se instaló una máquina esmaltadora, capaz de dar cubierta a unos cuarenta mil azulejos en cinco horas: Luego de aplicado ese recubrimiento, los azulejos eran sometidos a una segunda cocción, realizada en la forma descrita para la de bizcochado. En esa cocción, o en otra posterior de análogas características, se llevó a cabo en ocasiones la decoración de tales piezas, siguiendo procedimientos diversos a cuyas técnicas nos referiremos más adelante.

El taller cerámico de Agurain

De la importancia adquirida por el taller cerámico de Salvatierra-Agurain dan idea los datos siguientes que al mismo se refieren: Sus cuatro grandes hornos (de cinco a seis metros de diámetro y con laboratorios de cuatro metros de altura) diseñados especialmente para trabajos de azulejería, disponían de cuatro a seis hogares radiales y funcionaban en régimen de llamas invertidas, consumiendo de seis a diez toneladas diarias de pasta arcillosa, modelada en piezas de diversos tamaños. Con un ritmo normal de producción, se podían alcanzar cifras de fabricación superiores a los cien mil azulejos en cada jornada laboral.

Estos eran principalmente lisos y de forma cuadrada, predominando de 15 y 10 centímetros de arista, con un grosor comprendido entre cinco y siete milímetros; pero se confeccionaron también en ésta fábrica de Salvatierra azulejos con relieves superficiales (del tipo llamado “de arista” o “de cuenca”) aunque no se alcanzaron crecidas producciones de éstos últimos. Todos los azulejos procedentes del alfar aquí descrito, llevaban en el dorso las ranuras y estrías precisas para su buena adherencia y contenían marcas de fábrica <tales como “C.A.S.A”-. “Salona” – o “El Yunque” – producidas por estampación durante el modelado de cada pieza.

Las exigencias fijadas por la Cerámica Alavesa por la demanda del mercado, reclamaban especialmente azulejos lisos y blancos, pero según ya hemos indicado, también se confeccionaron otros diversos colores (monocromos) conociéndose asimismo algunas series con decorados generalmente policromos : la temática de tales decorados – que se aplicaron a piezas lisas o con relieves – varió mucho , existiendo en ellas dibujos clásicos de crecido barroquismo, o bien motivos modernos de tendencias más avanzadas, complicadas o simplistas. Todos esos decorados se obtuvieron pintándolos directamente o mediante estarcidos y también por serigrafía: Entre las producciones más importantes de éstos azulejos ornamentales, figuran el retablos del altar existente en la Iglesia de Salinas de Leniz en Guipúzcoa (en el año 1954, ardió por completo la Parroquia de Salinas dedicada a San Millán, quedando solamente en pie las paredes), y los revestimientos o zócalos situados en diversos edificios y locales de la Villa de Agurain y de otras poblaciones alavesas, así como de la capital Vitoria (chalets de la Ciudad Jardín, Restaurantes y Sociedades Gastronómicas, incluso de la vecina Pamplona, etc.)

El final de la cerámica alavesa

La aparición de numerosas dificultades, de complicada naturaleza y prácticamente insalvables, obligó hace unos años a cancelar la interesante labor que venía desarrollando éste alfar, digno de mejor suerte y más provechosos resultados, por el continuado e inteligente esfuerzo realizado por todos cuantos, de una u otra manera, participaron con interés y competencia en las bien orientadas tareas llevadas a cabo en el mismo.

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Antigua foto de operarios de la Cerámica Alavesa de Agurain.

*Sobre la producción de azulejos en Euskal Herria no existen más datos que los recogidos en éste trabajo y los referentes a la “Nueva Talavera” de Pamplona, que los fabricó en el siglo XIX. Hay algunas indicaciones inconcretas sobre la producción en Bilbao o zonas aledañas en los primeros años de nuestro siglo y además existe en Tafalla una fábrica muy industrializada, que los produce con especial acierto, pero ninguna tan artesanal ni artística como la Cerámica Alavesa.

Museo al aire libre de cerámica de Agurain (II de II)

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